La falacia del paradigma a priori: por qué el objetivo debe dictar el método

De cuando la rigidez metodológica nos deja a mitad de camino en el viaje de la investigación.

Autor/a

Antonio Matas-Terron

Fecha de publicación

10 de julio de 2026

La falacia del paradigma a priori: por qué el objetivo debe dictar el método

En la investigación en ciencias sociales —y me atrevería a decir que en la ciencia en general— existe una práctica tan extendida como metodológicamente cuestionable que consiste en obsesionarse por clasificar las estrategias de investigación en categorías rígidas. Basta con abrir buena parte de los manuales, artículos o blogs académicos (me reservo no poner referencias aquí…, que después los autores se enfadan) para encontrar una premisa muy contraproducente tal como que para investigar, lo primero que se debe hacer es situarse dentro de un enfoque o paradigma, eligiendo de antemano si seremos «cualitativos» o «cuantitativos» (o sociocríticos, empírico analíticos, positivistas, etc.).

Desde el terreno de la argumentación científica, esto es una aberración. El desarrollo de la investigación no puede ni debe partir de un posicionamiento epistemológico inamovible, sino que debe diseñarse en función de un único faro rector: el objetivo que se pretende alcanzar.

El viaje de Lima a Quito: una cuestión de medios, no de dogmas

Para ilustrar el absurdo de elegir el paradigma antes que el objetivo, propongo un experimento mental geográfico. Imaginemos que nuestro propósito de investigación es, metafóricamente, viajar de Lima a Quito.

Si operamos bajo la lógica del «paradigma a priori», antes de mirar el mapa o entender la naturaleza del viaje, decidiríamos de forma dogmática nuestro medio de transporte: por tierra, por aire o por mar.

  • Si decidimos ir por tierra: Llegaremos, tarde o temprano, dependiendo de si vamos a pie o en un vehículo. Es un medio viable, aunque fuertemente condicionado por los recursos y el tiempo.
  • Si decidimos ir por aire: Tomaremos un avión o un helicóptero y, casi con total seguridad, alcanzaremos la meta de forma directa y eficiente.
  • Si decidimos ir por mar: Aquí se revela la trampa metodológica. Por muy comprometidos que estemos con nuestro «enfoque marítimo», es geográficamente imposible llegar a Quito (una ciudad andina de interior) navegando. Nuestro fracaso está garantizado al 100%, a menos que traicionemos el dogma y lo combinemos con otros medios.

En la investigación ocurre exactamente lo mismo. Si partimos de un enfoque epistemológico o paradigmático previo, es posible que, por pura coincidencia metodológica, alcancemos nuestro objetivo invirtiendo más o menos tiempo y recursos. Pero también es altamente probable que nos quedemos en el camino, simplemente porque el paradigma elegido es estructuralmente inviable para la pregunta que nos hemos planteado.

La clasificación metodológica debe ser a posteriori

Lo verdaderamente importante en el trabajo empírico no es el paradigma, la aproximación, ni la trinchera del enfoque cuantitativo frente al cualitativo. Lo fundamental es responder al problema de investigación.

Cualquier medio epistemológico que sea viable para resolver dicho problema debe ser aplicado sin complejos. El trabajo que realicemos podrá —y quizás deberá— ser clasificado dentro de uno u otro paradigma a posteriori, con fines descriptivos o de ordenación académica. Sin embargo, utilizar esa clasificación como un marco restrictivo a priori es empezar la casa por el tejado.

El método es esclavo del objetivo, no al revés. Constreñir una investigación a la rigidez de un paradigma inicial es limitar la capacidad de la ciencia para comprender la complejidad de la realidad.

Asumir esta postura nos permite algo clave en la investigación contemporánea: hacer viable la compatibilidad de paradigmas, técnicas y enfoques. Rompe con la perspectiva de la inamovilidad y nos libera de esa visión reduccionista que asume que el investigador debe jurar lealtad a un método antes de saber qué misterio está intentando resolver.